✍️ Michel Martínez
Este jueves 4 de junio se vistió de gala y emotividad para recibir un evento sin precedentes en el activismo animal. Las instalaciones del hotel Holiday Inn Quijote fueron el escenario del tierno y esperado reencuentro entre dos de los caninos más célebres y queridos de México: Pay de Limón y el perriinfluencer potosino, Canelo “el perro aventurero”.
La historia de estos dos perritos bien podría inspirar un guion cinematográfico. Originario de Zacatecas, Pay de Limón, y el local Canelo, de San Luis Potosí, comparten un lazo tan estrecho y un paralelismo tan evidente que incluso se piensa que son hermanos separados al nacer. Más allá de las coincidencias físicas, a ambos los une un destino común: haberse convertido en poderosos símbolos de lucha, resiliencia y derechos de los animales a nivel nacional.

Dos caminos de lucha y un mismo mensaje
Mientras Canelo se ha consolidado en la capital potosina como un estandarte del amor comunitario y la coexistencia armónica, la historia de Pay de Limón representa la resistencia más pura. Este valiente canino sobrevivió a un cruento episodio de violencia a manos del crimen organizado, donde sufrió la mutilación de sus extremidades, transformándose hoy en un recordatorio viviente de la urgencia de erradicar la crueldad.
Tras haber coincidido hace un tiempo en la ciudad de León, Guanajuato, esta segunda reunión en tierras potosinas significó una auténtica muestra de “unión multiespecie”. Las familias y activistas que respaldan a estos lomitos demostraron que la solidaridad y el amor hacia los animales son capaces de romper fronteras, extendiendo un llamado fraterno a la sociedad para integrarse a una cultura de profundo respeto.

Durante el evento, Magdalena Márquez, miembro del Frente Ciudadano Pro Derecho Animal, compartió su emoción ante lo que calificó como un encuentro histórico.
“Los animalitos sí nos enseñan a respetar, a ser compasivos. Si nos van enseñando y vamos aceptando esa enseñanza, me va haciendo mejor persona también con mi propia especie”, reflexionó Márquez, vinculando directamente el maltrato animal con la crisis de violencia que aqueja a la sociedad.
La activista hizo hincapié en que las trayectorias de Canelo y Pay de Limón demuestran que están en este mundo para cumplir una misión: recordar que son seres sintientes que merecen protección. Finalmente, advirtió que el avance en las leyes locales es insuficiente si no se acompaña de una sólida estrategia educativa. “La parte educativa importa muchísimo, porque si la vamos dejando de lado, por más que avancemos en leyes, no vamos a llegar al objetivo de tener un mundo mejor y, obviamente, menos violento”, concluyó.