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Jalil Cervantes, el potosino que traduce la electricidad de las plantas en música

El investigador y músico recorre los jardines botánicos de México para capturar los impulsos bioeléctricos de la flora y transformarlos en un archivo sonoro.

✍️ Michel Martínez 

¿Alguna vez se imaginó que las plantas pueden emitir música? Con la firme convicción de sensibilizar sobre el cuidado y la preservación de las especies vegetales, así como la necesidad de reconectar con el mundo natural desde el ámbito sonoro, el investigador y músico potosino Jalil Cervantes ha creado un innovador proyecto de registro que transforma la actividad eléctrica de la flora en melodías que invitan a la reflexión poética sobre la vida vegetal.

Este creador multidisciplinar egresado de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) ha consolidado su propuesta a través de “Mexiflora”. El proceso detrás de estas composiciones combina la ciencia y la exploración artística en una técnica especializada. Según explica el propio Jalil Cervantes, la magia ocurre a través de la tecnología:

“Se da mediante un proceso que se conoce como sonificación de datos, que es básicamente convertir información eléctrica o matemática en cadenas de datos MIDI. Entonces eso ya aparece en la computadora y ya lo podemos editar con sintetizadores para hacer piezas a partir de la electricidad de las plantas”, explicó.

Al colocar diodos y sensores especiales en los ejemplares, el investigador recoge los minúsculos impulsos bioeléctricos y ritmos circadianos de los vegetales, convirtiendo esas cargas en notas musicales que revelan los ciclos biológicos invisibles que sostienen la naturaleza.

Jalil Cervantes se ha dado a la tarea de recorrer el país registrando los sonidos de diversas especies preservadas en la Red Nacional de Jardines Etnobiológicos del Conacyt, abarcando entidades como Puebla, Veracruz, Chiapas, Nayarit, Durango y, por supuesto, San Luis Potosí, donde previamente desarrolló “Biokau”, una iniciativa centrada en los pulsos de cactáceas locales en peligro de extinción.

El músico expresa que los patrones sonoros que emanan de la actividad bioeléctrica presentan variaciones en cada región, lo que otorga una identidad única a la flora de cada ecosistema. Este esfuerzo de documentación ha culminado en un robusto compilado de 140 piezas musicales que ya forma parte del acervo de la Fonoteca Nacional, consolidando un archivo sonoro sin precedentes que nos recuerda que cada ser vivo en esta tierra tiene su propio latido, su existencia y su sentir.