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Cuando la política se vuelve espectáculo, la juventud deja de mirar

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En los últimos días volvimos a presenciar una escena que se repite con demasiada frecuencia dentro de la política mexicana: gritos, confrontaciones, agresiones y legisladores convirtiendo el debate público en espectáculo.

Más allá del partido político, del contexto o de quién tuvo la razón, hay algo que vale la pena preguntarnos con seriedad: ¿qué mensaje recibe la juventud cuando observa esto?

Porque sí observamos.

Las juventudes sí estamos mirando la política. La vemos desde nuestras universidades, desde nuestros trabajos, desde nuestras comunidades, desde redes sociales y desde cada espacio donde se discute el rumbo de este país.

Y justamente porque la estamos mirando, también estamos cuestionándola.

Lo ocurrido en semanas pasada no puede normalizarse.

Y tampoco puede justificarse.

Porque en un México donde la violencia atraviesa todos los días la vida pública y privada de millones de personas, resulta profundamente preocupante que quienes ocupan cargos de representación popular decidan responder desde la agresión y no desde el diálogo.

¿Ese es el ejemplo que queremos seguir reproduciendo desde los espacios públicos?

¿Ese es el mensaje que queremos enviarle a las nuevas generaciones?

La respuesta es no.

Eso NO nos representa.

No representa a quienes creemos en la política como herramienta de transformación.

No representa a quienes sí queremos construir desde las ideas.

No representa a miles de jóvenes que todos los días participan, organizan, proponen y trabajan por mejorar su entorno desde distintos espacios.

Porque mientras afuera hay jóvenes levantando proyectos comunitarios, defendiendo causas, emprendiendo, estudiando, organizándose y buscando soluciones reales para sus comunidades, muchas veces adentro de las instituciones vemos exactamente lo contrario: ego, espectáculo, confrontación vacía y protagonismo político.

Y las juventudes estamos cansadas de eso.

Cansadas del circo.

Cansadas de servidores públicos que teniendo la oportunidad histórica de generar cambios reales prefieren desperdiciar el espacio público en escándalos.

Cansadas de que el debate se vuelva espectáculo mientras allá afuera hay problemas urgentes esperando respuestas.

Porque México necesita acuerdos.

Necesita trabajo.

Necesita liderazgo.

Necesita resultados.

No más gritos.

No más teatro.

No más violencia disfrazada de debate político.

Durante años se ha repetido que las juventudes no participan o que no les interesa la política. Pero quizá la conversación correcta no es esa.

La conversación es preguntarnos qué tipo de política estamos mostrando y por qué tantas veces termina alejando a quienes sí quieren involucrarse.

Porque cuando la política se reduce al espectáculo, deja de inspirar.

Y cuando deja de inspirar, la juventud deja de mirar.

No porque sea indiferente.

Sino porque se cansa de ver cómo quienes deberían poner el ejemplo terminan reproduciendo aquello que tanto daño le ha hecho al país.

Mi generación no espera perfección de quienes gobiernan o legislan.

Pero sí espera algo mínimo e indispensable: responsabilidad.

Responsabilidad con el cargo que ocupan.

Responsabilidad con el país que representan.

Y responsabilidad con las generaciones que vienen observando.

Las juventudes sí estamos mirando.

Y precisamente porque estamos mirando, también exigimos más.

Más seriedad.

Más trabajo.

Más escucha.

Más resultados.

Menos espectáculo.

Porque México ya tiene demasiada violencia como para seguir viéndola también en la política.

✍️ Mei Ham

     Abogada