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Estamos fit, no estamos bien

Martín Zacarías

Un viernes de hace diez años se medía en botellas y crudas de domingo. Un viernes de hoy se mide distinto: la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2025 registró que solo el 17.8% de los adolescentes mexicanos bebió alcohol en el último año, diez puntos menos que la generación millennial en 2016. Mientras el gasto en gimnasios entre la Generación Z creció más del 8% interanual, la industria licorera mundial perdió cerca de 830 mil millones de dólares en valor de mercado desde 2021. El dato es contundente: dejamos el alcohol. La pregunta es si dejamos también la ansiedad que lo acompañaba.

Este 12 de agosto se conmemora el Día Internacional de la Juventud, y con él llega la agenda de siempre: activaciones deportivas, carreras, actividades al aire libre. Necesarias, pero que retratan solo la mitad de la historia. La otra mitad la puso la propia UASLP este año, cuando su Diagnóstico de Salud Mental Estudiantil encontró que el 67% de los estudiantes evaluados presenta indicadores que sugieren la necesidad de atención en salud mental, y que un 15% enfrenta alto riesgo de autolesión. A nivel estatal, la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado del INEGI ubicó a San Luis Potosí en el séptimo lugar nacional de satisfacción con la vida, pero con 19.8% de la población adulta presentando síntomas de depresión. Somos, al mismo tiempo, un estado que se percibe bien y una generación que no está bien.

Esa contradicción es el verdadero relevo que nos toca correr. Nuestros padres cargaban la ansiedad con una cerveza en la mano; nosotros la cargamos entrenando. Cambiamos el ritual, pero no necesariamente resolvimos lo que el ritual estaba cubriendo. El gimnasio como nuevo punto de encuentro social —el que antes era la barra del bar— puede ser, en el mejor de los casos, una forma más sana de sostenernos entre nosotros. Pero puede ser también, en el peor, una manera más presentable de seguir corriendo sin llegar a ningún lado: sustituimos la resaca visible por el cansancio que se disimula bien en una foto.

No se trata de romantizar el cambio ni de sospechar de él por sistema. Se trata de nombrarlo con honestidad generacional. La misma generación que este 12 de agosto sale a correr o a entrenar es la que reporta, en estudios locales, hasta 61.5% de síntomas depresivos entre adolescentes potosinos, con las mujeres jóvenes como las más afectadas. Ese dato no se resuelve solo con disciplina física. Se resuelve también hablándolo: entre amigos, en la mesa familiar, en el grupo de entrenamiento, donde antes solo se hablaba del último antro.

Por eso esta columna no cierra con un festejo, cierra con dos invitaciones. A mi propia generación: que el cambio de hábito no se quede en la estética de la vida fit, que se convierta también en la costumbre de preguntarle al de al lado cómo está de verdad, antes de que el malestar se vuelva estadística. Y a quienes diseñan la agenda de este día, una propuesta sencilla: que junto a la carrera y la activación física haya también, en el mismo evento, un espacio breve de conversación sobre salud mental. No se trata de pedir presupuesto nuevo ni especialistas de la nada — se trata de usar la misma convocatoria que ya reúne a cientos de jóvenes para hablar también de lo que no se ve. Cambiamos el trago por el sudor. Falta que ese mismo esfuerzo lo pongamos también en cuidarnos por dentro.

 

✍️ Martín Zacarías Ramírez Ramos

Secretario Estatal de Acción Juvenil del PAN en San Luis Potosí