Arrancó este mes con otro informe de Claudia, con los datos que el oficialismo adopta como verdad absoluta, con una gira por varios estados del país, entre evidentes acarreos y rechiflas, porque no nos hagamos, a prácticamente nadie de quienes “invitan” a estos eventos ni les interesan ni les importan los discursos ni los logros que se presumen con bombo y platillo.
No puedo dejar de mencionar que, en general, las críticas que resumo de diversos medios periodísticos tras el informe fueron: el “maquillaje” de las cifras en cuanto a la reducción de los homicidios dolosos, no reflejando la realidad de la violencia que se vive en México; también el optimismo, que se agradece, pero no empata con la realidad. En el ámbito financiero, Claudia presume con más inversión, mejor economía, crecimiento en el PIB, aumento al salario mínimo, en fin, sin duda, alguien que no hace la compra mensual de la despensa de su hogar, no me extraña que opine que sus cifras son alegres. Por otro lado, su alardeo a la “austeridad” pareció más broma que realidad, como si se tratara claramente de un guiño a su movimiento, pero con el claro cinismo con el que gobiernan. Otro de esos golpes de cinismo fue, sin duda alguna y, en mi opinión, el peor y más vil de todos: el asegurar que en este gobierno no existe carencia de medicamentos. Una clara y directa ofensa a toda la población que diariamente acude a las clínicas y hospitales públicos de este país y se topa con la realidad de que no hay insumos, no hay médicos, no hay tratamientos, no hay estudios, no hay cirugías, no hay medicamentos suficientes, no siempre, no todos, no los necesarios, no los que debería haber para poder afirmar que no hay ninguna carencia en el sistema.
Sinceramente, a dos años de que Claudia asume el gobierno de México, y tras el pasado sexenio, yo sí confieso que me resulta bastante indignante ver cómo este régimen y su partido Morena, del cual además tuvo que usar este informe para remarcar y presumir, sin necesidad alguna, que están más unidos que nunca —será entonces que no lo están—, pero lo que me molesta en realidad es ver cómo se llenan la boca de términos como “humanismo, soberanía y pueblo”, cuando en realidad están solamente sosteniendo y justificando, con creces, a todo el aparato que han conformado y consentido bajo su propia corrupción, violencia e impunidad.
Este régimen llegó bajo el mandato de no mentir, no robar y no traicionar. En mentir han sido expertos desde toda óptica; con sus propios datos, Claudia presentó un nuevo informe plagado de mentiras. Claudia no puede hablar de no robarle al pueblo de México si no puede hablar y adentrarse a investigar y erradicar el tema del huachicol fiscal, cuando tampoco puede hablar de los hijos de Andrés Manuel, ni garantizarle a México una investigación real, apegada a derecho, ni puede garantizar justicia, porque tienen cooptados a los órganos que la debiesen procurar e impartir, porque no se investiga a nadie que pertenezca a su movimiento guinda, porque nadie que ostente la cruz de su partido será siquiera tocado por el ojo del gobierno. Eso, por supuesto que es traicionar al pueblo.
Un informe es un ejercicio de rendición de cuentas a la ciudadanía, es un ejercicio de transparencia, no así la pantomima y el “aplausómetro” en el que se ha visto reducido este nuevo “besamanos”, pero, sobre todo, este ejercicio dista mucho ya de su objetivo central, porque no olvidemos que un poder sin contrapesos no rinde cuentas, solo sigue evidenciando su abuso de autoridad y su corrupción.
Necesitamos volver a establecer límites, por el bien de México.
✍️Cristina Govea Soler
Abogada
Consejera Nacional PAN