En los discursos oficiales se repite una y otra vez que México está viviendo una “transformación histórica”, que hoy las mujeres tienen más derechos, más oportunidades y más protección. En San Luis Potosí incluso se presume un estado “sin miedo”. Pero para quienes caminamos las calles, usamos el transporte público o simplemente regresamos a casa por la noche, esa frase no es una realidad: es un eslogan vacío que no coincide con nuestras cifras, ni con nuestras historias, ni con lo que vivimos las mujeres jóvenes.
Porque hoy, en pleno 2025, crecer siendo mujer en México sigue siendo un acto de resistencia diaria. Y en San Luis Potosí, aún más.
Las cifras que desmienten el discurso:
En 2024, San Luis Potosí cerró como uno de los estados con mayor violencia contra las mujeres en el país. Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública:
* Más de 13,000 mujeres denunciaron violencia familiar en el estado, una cifra que va al alza año con año.
* Los feminicidios no desaparecen, a pesar de que la narrativa oficial intenta normalizar los números.
* Tan solo en la capital, los reportes por acoso callejero y hostigamiento sexual se mantienen como una de las principales quejas entre mujeres jóvenes.
A nivel nacional, México suma más de 10 feminicidios diarios y las desapariciones de mujeres —especialmente adolescentes— no se detienen. Esta es la transformación que no se menciona en las mañaneras ni en los informes gubernamentales.
El 25 de noviembre: una muestra del hartazgo:
Si realmente viviéramos en un “San Luis sin miedo”, ¿por qué el pasado 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, colectivas y mujeres jóvenes tomaron simbólicamente la Secretaría de las Mujeres e Igualdad Sustantiva?
Ahí, frente a la institución que debería protegerlas, denunciaron que:
* Las cifras estaban siendo ocultadas.
* No existe acompañamiento real para víctimas.
* Las políticas actuales son insuficientes frente a la violencia creciente.
La manifestación fue contundente: las mujeres ya no creen en los discursos oficiales.
La consigna fue clara: “San Luis sin miedo no existe”.
La generación que ya no quiere vivir con miedo:
Las mujeres jóvenes de este país crecimos escuchando “no salgas tarde”, “mándame ubicación”, “ten cuidado”, como si el peligro fuera parte natural de nuestra vida. Y aun así, somos la generación que no se conforma.
Somos la generación que exige justicia para las que ya no están.
Somos la generación que llena las calles cada 8 de marzo.
Somos la generación que no le cree a un gobierno que promete seguridad mientras millones seguimos adaptando nuestras vidas al miedo.
San Luis Potosí no es un estado sin miedo. Es un estado donde las mujeres aprendimos a vivir con miedo porque las autoridades no hicieron su parte.
La falsa transformación:
Ni el gobierno de López Obrador ni el de Claudia Sheinbaum han logrado transformar la vida de las mujeres como prometieron. Por el contrario:
* La austeridad debilitó programas esenciales de protección a mujeres.
* Los refugios y centros de atención han operado con recursos insuficientes.
* La revictimización institucional continúa.
* Las investigaciones siguen siendo lentas, negligentes o inexistentes.
En San Luis Potosí, los gobiernos locales repiten la narrativa nacional: “vamos bien”, “hay resultados”, “hay avances”. Pero ¿de qué avances hablamos cuando seguimos sin políticas públicas efectivas para proteger a mujeres jóvenes, estudiantes, trabajadoras o madres solteras?
La transformación real empieza fuera del gobierno:
La verdadera transformación está ocurriendo, pero no viene de arriba.
Viene de las colectivas, de las estudiantes, de las trabajadoras, de las madres que no se cansan, de las jóvenes que se organizan, que denuncian, que marchan y que no están dispuestas a quedarse calladas.
Es una transformación que nace desde la raíz, desde la comunidad, desde el hartazgo.
Una transformación que le recuerda al poder —a cualquier poder— que ya no estamos dispuestas a vivir con miedo.
San Luis sin miedo será realidad cuando lo construyamos entre todas.
Porque hoy, lo que tenemos es propaganda.
Lo que nosotras queremos es justicia.
Y mientras las autoridades sigan administrando el miedo en lugar de erradicarlo, mientras se sigan aplaudiendo cifras maquilladas y discursos triunfalistas, nosotras seguiremos levantando la voz, con datos, con fuerza y con convicción, para exigir un San Luis Potosí donde ningún eslogan valga más que nuestras vidas.
San Luis sin miedo aún no existe.
Pero lo vamos a construir.
Nos toca. Porque nadie más lo hará por nosotras.
Mei Ham.
Abogada y activista juvenil.