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Género y Circularidad

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Durante décadas, nuestra economía ha operado bajo una línea recta implacable: extraer, usar y desechar. Sin embargo, en un planeta con recursos finitos y una crisis climática que no da tregua, ese modelo ha caducado. En el marco del Día Internacional de la Mujer (8M), surge una premisa que está transformando la política ambiental en San Luis Potosí: la economía circular no es solo un sistema técnico de gestión de residuos, debe ser un acto de justicia social liderado por mujeres.

San Luis Potosí se encuentra hoy en una carrera contra el reloj legislativo. Tras la publicación en el Diario Oficial de la Federación de la Ley General de Economía Circular (LGEC) el pasado 19 de enero del año en curso, el Congreso del Estado tiene como fecha límite el 19 de julio del presente año para homologar su normativa local. El objetivo es ambicioso: ser la primera entidad en el país en adoptar un modelo de “Basura Cero”. No obstante, el éxito de esta transición dependerá de un factor que suele quedar en los puntos ciegos de la ley: la perspectiva de género.

La realidad estadística en San Luis Potosí revela una vulnerabilidad diferenciada que no podemos ignorar. Según datos del INEGI, la brecha de ingresos en el estado es crítica: mientras un hombre percibe en promedio 10,175 dólares (PPC), una mujer gana apenas 3,858 dólares; es decir, solo el 38% de lo que recibe su par masculino. A esto se suma la “pobreza de tiempo”: las potosinas dedican, en promedio, 14 horas más a la semana al trabajo doméstico no remunerado que los hombres.

Esta desigualdad no es solo una cifra; es una barrera para la sostenibilidad. El cambio climático afecta desproporcionadamente a quienes tienen menos recursos para adaptarse. En las zonas rurales de San Luis Potosí, las mujeres dedican más tiempo al acarreo de agua y son más susceptibles a los riesgos de salud por contaminación industrial debido a factores biológicos y socioeconómicos. Además, la falta de títulos de propiedad —que históricamente han estado en manos masculinas— excluye a miles de emprendedoras del acceso a créditos bancarios tradicionales para proyectos de tecnología limpia o reciclaje avanzado.

Para que la nueva Ley Estatal de Economía Circular no sea “ciega” ante estas brechas, expertos y activistas proponen mecanismos disruptivos que ya han probado su éxito en países como Costa Rica con el programa “+Mujeres +Natura”.

No obstante, para efectos de nuestra normatividad local proponer la “Ventanilla Rosa” es crear un apartado específico dentro de instituciones financieras estatales como el SIFIDE, diseñado para eliminar sesgos de género y ofrecer acompañamiento técnico a proyectos circulares liderados por mujeres. Si bien programas como “CREDITODAS” ya ofrecen financiamiento en el Estado, muchos aún requieren garantías prendarias o inmuebles que las mujeres con menor patrimonio no pueden cumplir.

Sin embargo, como una segunda propuesta complementaria clave proponemos la existencia de las “Garantías por Impacto Ambiental” mecanismo que permitiría que el valor ecológico generado por un proyecto —como la reducción de emisiones de CO2 o la reincorporación de toneladas de residuos al ciclo productivo— sirva como aval para obtener crédito, sustituyendo la exigencia de una propiedad física.

Legislar con perspectiva de género no es una concesión romántica; es una decisión económica de alta eficiencia. La evidencia internacional indica que las empresas con mayor diversidad de género tienen un 21% más de probabilidades de alcanzar una rentabilidad superior. En San Luis Potosí, donde uno de cada cinco hogares tiene una jefa de familia, apostar por el liderazgo femenino es asegurar que el capital se reinvierta en la resiliencia de las comunidades locales.

El Congreso del Estado tiene ante sí la oportunidad de no entregar una ley más, sino una herramienta de transformación. El modelo de “Basura Cero” debe incluir protocolos que reconozcan a las mujeres recicladoras de base y fomentar el ecodiseño desde las manos de quienes siempre han cuidado la vida: las mujeres.

Este 8M, la exigencia hacia nuestras y nuestros legisladores es clara: no queremos conmemoraciones vacías ni moños morados en las solapas. Queremos una Ley de Economía Circular que reconozca que el futuro del planeta solo será sostenible si es, por fin, igualitario. Porque cuando una mujer diseña el ciclo de la vida, el futuro siempre estará en mejores manos.

Por: Anna de la Cruz

Abogada