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8M, la postura de la UASLP: Entre el respeto y el resentimiento

Rector asegura respeto a la causa pero cuestiona las formas.

Por: La Esfera

El rector de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, Alejandro Zermeño Guerra, se encuentra en una posición institucional delicada. Tras la reciente movilización feminista del 8 de marzo, el titular de la máxima casa de estudios potosina ha intentado equilibrar la balanza entre la validación política de la protesta y la condena de sus efectos materiales.

“Respeto Absoluto”, con matices.

El rector Zermeño dio declaraciones con un tono conciliador, afirmando que la institución mantiene un “respeto absoluto” por las manifestaciones. No obstante, este reconocimiento se vio rápidamente opacado por un discurso centrado en la estética y la preservación del patrimonio, calificando los actos de iconoclasia (pintas y daños materiales) simplemente como “vandalismo”.

La narrativa del rector sugiere una división tajante: por un lado, la legitimidad de la causa; por el otro, la desaprobación de las formas que atentan contra la infraestructura histórica. Para Zermeño, el límite de la libertad de expresión parece terminar donde comienza la cantera del Edificio Central.

La estética por encima de la ética

Por otra parte el titular de la máxima casa de estudios de San Luis Potosí expresó preocupación por la imagen de la capital potosina ante la proximidad de la Semana Santa. Lamentó que los turistas se encuentren con “grafiti y vidrios rotos”, desplazando el foco de atención del trasfondo de la protesta —la violencia de género y las exigencias de justicia— hacia una preocupación puramente ornamental y comercial.

Esta postura revela una sutil incoherencia: se profesa respeto por un movimiento que surge del dolor y la urgencia, pero se prioriza la “buena cara” que el edificio debe presentar al turismo, como si la integridad de la piedra fuera más apremiante que las demandas que la pintaron.

Restauración: un proceso lento y costoso

Alejandro Zermeño subrayó que la recuperación del edificio no es una tarea sencilla ni económica. El proceso implica gestiones directas ante el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), búsqueda de materiales específicos, como piezas de cantera idénticas a las originales y la coontratación de mano de obra especializada, descartando el uso de albañilería convencional para garantizar la preservación histórica.

Aunque el rector asegura que los trabajos de pintura y reforzamiento de puertas están avanzados, su discurso deja un sabor agridulce. Al enfatizar que “nada es barato” y que el vandalismo es un asunto que las autoridades deben atacar, la Universidad parece alejarse del diálogo reflexivo sobre las causas de la rabia social, para refugiarse en la gestión de daños y el mantenimiento de fachadas.