La nueva era de los trenes mexicanos de pasajeros tuvo su peor debut posible. A dos años de su inauguración, el 28 de diciembre de 2025, a Línea Z del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, que iba de Salina Cruz (Oaxaca) a Coatzacoalcos (Veracruz), se descarriló, convirtiéndose así, en la tragedia más grave del sexenio de Claudia Sheinbaum, hasta ahora.
Uno de sus vagones cayó al vacío desde 6 metros de altura, otro, quedó suspendido en el aire, hubo 14 muertos y 109 heridos. Que no se nos olviden.
Hace 6 días, la Fiscalía General de la República (FGR) que encabeza Ernestina Godoy, determinó que el suceso -al que hasta ahora las autoridades se han negado a reconocer abiertamente como la tragedia que es- se debió al exceso de velocidad en que incurrieron los operadores, y nada más.
No obstante, los reportes oficiales, auditorías, filtraciones del expediente de la FGR, así como análisis de especialistas de la Universidad Iberoamericana y medios que accedieron a peritajes y documentos del caso, señalan que la obra presentaba las siguientes deficiencias graves:
A) En lo técnico:
1. Material rodante obsoleto y con desgaste crítico entre 30 y 40 años de antigüedad.
2. Infraestructura rehabilitada de forma apresurada con irregularidades en curvas, durmientes de madera en tramos heredados y balasto de baja calidad, estos últimos cortesía de los príncipes de la Cuarta Transformación.
3. Fallas en sistemas de control y monitoreo: Equipos y software desactualizados, cámaras de vigilancia desactivadas, falta de limitaciones en el control de velocidad, ausencia o mal funcionamiento de velocímetrosy equipos de comunicación.
B) En lo operativo:
1. Falta de experiencia operativa de la Secretaría de Marina (SEMAR).
2. Tripulantes sin capacitación y, en algunos casos, con licencias vencidas.
3. Fallas en la activación de protocolos de emergencia.
4. Falta de supervisión por posibles irregularidades en contratos, calidad de rehabilitación o puesta en servicio apresurada del proyecto.
A pesar de ello, ¿sabe qué dijo la fiscal? Que la vía, los durmientes, fijaciones y balasto cumplían con la norma en materia arquitectónica y de ingeniería civil. Nada más falso.
Aquí faltan dedos para señalar a los culpables: la rehabilitación de una vía obsoleta, los hijos de Andrés Manuel asegurando la proveeduría de balasto deplorable, la pésima operación de un ente militar y no civil y su evidente falta de supervisión y, por último, el personal negligente encargado de la operación.
Hasta aquí, conviene preguntarse, ¿no había otra forma de construir la obra? Vamos, hacerlo bien, la respuesta es sí.
El mejor ejemplo internacional comparable al Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (Corredor Interoceánico, Línea Z) es la modernización del Ferrocarril del Canal de Panamá (Panama Canal Railway), completada en 2001.
Este proyecto es el más similar en escala, propósito y contexto: se trata de la rehabilitación de una línea ferroviaria histórica (construida en 1855) que funciona como “puente terrestre” interoceánico (conecta el Pacífico en Balboa con el Atlántico en Colón) combinando transporte de carga intermodal (contenedores) con servicio de pasajeros, y actuando como alternativa/complemento eficiente al Canal de Panamá.
Solo que, a diferencia, del Interoceánico:
1) La rehabilitación fue total, no parcial y se usó balasto de granito importado, durmientes de concreto, rieles soldados continuos de alto peso, realineación de curvas, túnel adaptado para doble estiba.
2) Tenía un sistema automatizado para reducir el exceso de velocidad.
3) Operación a cargo de un ente experto, Kansas City Southern México.
4) Auditorías y supervisión constante.
Desde su implementación moderna en 2001, la obra no ha registrado descarrilamientos ni tragedias.
A mi parecer, la solución no está únicamente en hacer obras de calidad, al costo que éstas deban tener -siempre que sean de primer nivel- sino en que los gobiernos tomen consciencia de las vidas que están en sus manos.
En una de esas, hasta obligar a nuestros gobernantes y a sus contratistas a que, por ley, utilicen de manera constante las obras que construyan, a ver si las siguen haciendo mal.
Quiero pensar que si el tren lo va a usar cotidianamente el Presidente de la República, el Gobernador y los alcaldes, se utilizará balasto de altísima calidad; sus choferes tendrán vigentes sus licencias y serán sujetos capacitaciones constantes, no se diga al más absoluto escrutinio de sus supervisores, radios de primer nivel, locomotoras nuevas, regulador automático de velocidad, asientos de piel y si me apuran, hasta Netflix, Disney + y HBO para que se haga más ameno del viaje.
Sólo para que no pase desapercibido, ¿sabe cuántas veces se han subido nuestros gobernantes al controvertido tramo Z? Echemos números:
Sheinbaum: 0. Estuvo en tres ocasiones en la obra, pero qué cree, no en el Tramo “Z” donde fue la tragedia sino en el “K”.
Nahle, de Veracruz: 0.
Los únicos que se subieron al Tramo “Z” fueron Andrés Manuel López Obrador, Cuitláhuac García y Salomón Jara, nada más que en el lejano 2023, cuando lo inauguraron y, desde entonces nunca lo volvieron a utilizar.
La reflexión debe ser en el sentido de que, las obras de gran infraestructura deben representar un esfuerzo económico que permitan el éxito operativo y técnico, pero, sobre todo, que aseguren la vida de las personas.
Y si vamos a hablar de austeridad, que sea como excusa evitarobras innecesarias, pero nunca como justificación para hacerlas mal sin importar las consecuencias.
FUENTES: INFOBAE, EL PAIS, EL UNIVERSAL, https://desinformemonos.org/, LATINUS, GOBIERNO DE OAXACA, https://churcher.crcml.org/.
Por: Kevin de la Rosa.
Abogado