Hace unos días en Chihuahua pasaron dos cosas. La primera: un golpe real al crimen organizado. La segunda: una reacción política que dice más del gobierno federal que cualquier investigación periodística.
El operativo en la Sierra Tarahumara desmanteló uno de los narcolaboratorios más grandes que se han encontrado en México: ochocientos metros cuadrados, quince hornos, cien cilindros de gas, capacidad para producir millones de dosis de metanfetaminas. Lo que importa no es solo el tamaño — es lo que significa: alguien en este país está haciendo su trabajo. Y ese alguien no es el gobierno federal.
Ahí empezó el problema.
Murieron cuatro personas en un accidente de regreso. Dos funcionarios mexicanos y dos extranjeros vinculados a inteligencia estadounidense. Una tragedia real, a seis horas de distancia del operativo, en una carretera de Chihuahua. Y con esa tragedia, MORENA encontró el pretexto que necesitaba para castigar a una gobernadora opositora que les está haciendo quedar mal.
Lo que me indigna no es el debate político. Es la hipocresía tan descarada que ya ni se molestan en disimularla.
En febrero de este año detuvieron al alcalde morenista de Tequila, Jalisco. No por recibir instructores de extranjeros. Sino porque operaba para el CJNG desde el palacio municipal — y la investigación reveló colombianos y michoacanos del cartel en la nómina pública. Estuvo en el cargo, a plena luz, hasta que ya no se pudo ignorar. Nadie convocó comisiones de urgencia. Nadie exigió que sus compañeros de partido dieran la cara. El escándalo duró un ciclo de noticias.
Esos extranjeros en territorio mexicano no le quitaron el sueño a nadie en Morena.
Los jóvenes de este país merecemos respuestas reales, no teatro político. Lo que veo hoy no es un gobierno preocupado por la soberanía nacional. Veo un gobierno al que le molesta que otros hagan lo que él no puede o no quiere hacer.
Porque la pregunta que nadie del oficialismo quiere responder es simple: ¿los agentes extranjeros entraron al país sin que nadie lo supiera? Si es así, el problema no es Chihuahua — es que Estados Unidos ya opera en México sin avisarle al gobierno mexicano porque sencillamente no confía en él. Y si sí lo sabían, entonces la indignación de hoy es puro teatro.
De cualquier forma, la gobernadora de Chihuahua no tiene nada que explicar sobre eso.
Mi generación no puede darse el lujo de la simulación. Los laboratorios que no se desmantelan siguen financiando la violencia que destruye comunidades enteras. Los ayuntamientos infiltrados por el crimen siguen operando. Y los gobiernos que miran para otro lado siguen llegando al poder prometiendo lo que no tienen intención de cumplir.
Los jóvenes de este país merecemos un México donde combatir al narco sea motivo de reconocimiento, no de castigo. Que comparezca Maru Campos — con gusto. Que venga a explicar cómo sí se combate al narcotráfico. Y que después, con exactamente la misma urgencia, se cite a todos los que tienen mucho más que explicar.
A ver si se atreven.
Martín Zacarías Ramírez Ramos
Secretario Estatal de Acción Juvenil del PAN San Luis Potosí