Transcurrió el mes de celebrar a la niñez y, por supuesto, el dispendio de dulces y juguetes se da por doquier. Se ha hecho tradición, por alguna extraña razón, que en diversos sectores gubernamentales la forma de “festejar” a los niños y niñas es repartiendo regalos a diestra y siniestra en colonias, escuelas y eventos, con un claro y evidente sentido político, en el que se busca más capitalizar partidarios para quien los reparte, que entregar algo realmente benéfico a largo plazo para quienes lo reciben.
Al respecto, imaginen la siguiente escena (cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia): un evento en el que a los niños se les pregunta de forma graciosa cuál es el mejor color, por supuesto ellos sin entender el contexto político del cuestionamiento, si responden por el color del partido del gobernante que infiere la pregunta, entonces reciben trato preferente ante todos los presentes, y quienes no osan en atinarle al color en cuestión, son relegados a forma de “broma”, así, muy “casual”, como no pasa en otros escenarios fuera de este escenario imaginario.
Pero dejando a un lado las bromas, niños y niñas en este país son cotidianamente relegados y utilizados como bandera de simulación y pantomima, lo cual es indignante. El Estado tiene una deuda histórica con la niñez en muchos tópicos, por mencionar algunos: en acceso a una educación digna, a programas educativos que les permitan alcanzar niveles de preparación óptimos para ser competitivos ante otras naciones; a planteles escolares suficientes y equipados de forma adecuada; a una alimentación saludable, suficiente y posible; a un sano desarrollo de sus cuerpos y mentes; a que se proteja su integridad y su intimidad; a que sean capaces de acceder realmente a servicios de salud dignos y universales; los niños y niñas tienen muchos derechos que no están siendo cubiertos ni garantizados por el Estado mexicano, tristemente entregarles un dulce o un juguete en el marco del 30 de abril, muchos lo ven como suficiente para cubrir la agenda de temas de la niñez. Decepcionante.
La simulación que se vive en estas celebraciones, intencionalmente capitalizadas para el beneficio político, mediático y de promoción de colores partidistas, es por demás incoherente con la verdadera necesidad que se vive por parte de millones de niños y niñas en México. Ojalá que todo el recurso que se despilfarra en dádivas efímeras, y muchas veces hasta de baja o mala calidad, se aplicara en verdaderos beneficios, aunque no resultasen en fotografías y vanaglorias para uno o unos cuantos.
Nos quedamos con el “ojalá”.
Cristina Govea Soler
Abogada
Consejera Nacional PAN