✍️La Esfera
Alejandro Moreno Cárdenas llegó este miércoles a San Luis Potosí para intentar sacudir a un priismo que llega a la antesala de 2027 con una estructura disminuida, disputas internas y una dependencia cada vez mayor de alianzas para mantenerse competitivo. El dirigente nacional sostuvo reuniones desde la mañana con medios y actores políticos, planteó construir una coalición opositora amplia y dejó abierta incluso la posibilidad de dialogar con el Partido Verde; por la tarde encabezó la toma de protesta de los “Defensores de San Luis Potosí”, la estructura que ahora deberá llevar al PRI nuevamente a las calles y al territorio.
Pero en la fotografía de un partido que pretendía presumir unidad apareció un vacío difícil de ocultar: Enrique Galindo Ceballos no estuvo presente durante la jornada de Moreno. El alcalde capitalino es, por reconocimiento de la propia dirigencia nacional, uno de los perfiles políticos más relevantes del priismo potosino y meses atrás fue incluido por el PRI entre sus “Defensores de México”. Además, la propia dirigencia estatal ha respaldado que Galindo participe en el proceso interno del PAN, lo que evidencia el particular escenario en el que se encuentra el político: con un pie en el PRI y buscando construir también una ruta dentro de Acción Nacional.
La ausencia adquiere mayor peso porque el PRI potosino necesita precisamente lo que hoy no pudo mostrar: cohesión. El partido perdió posiciones electorales, enfrenta una estructura que requiere reconstrucción y su dirigencia estatal ha quedado atrapada entre grupos e intereses que no terminan de alinearse. La situación llegó al punto de que el propio Moreno tuvo que insistir en que nadie gana solo y que cualquier aspiración rumbo a 2027 deberá pasar por acuerdos, competitividad y capacidad para sumar; incluso al hablar de Galindo reconoció su trabajo como alcalde, pero evitó darle una candidatura anticipada.
Moreno se fue de San Luis Potosí dejando una estructura que tendrá que recorrer colonias y municipios para intentar devolverle presencia a un partido que ya no puede darse el lujo de dividirse. El problema es que la operación comenzó con una señal política incómoda: el dirigente nacional vino a ordenar la casa y uno de los hombres que el propio PRI ha colocado como su principal carta potosina no estuvo para recibirlo. Mientras Alito busca reconstruir al tricolor con alianzas, territorio y nuevos operadores, el PRI local sigue sin resolver la pregunta fundamental: cómo competir en 2027 cuando ni siquiera consigue sentar en la misma mesa a sus principales figuras.