Moscú y Kiev ofrecen lecturas opuestas sobre el borrador negociado en Ginebra, mientras Estados Unidos y Europa participan en un proceso lleno de versiones contradictorias.
El intento de Estados Unidos por encaminar un acuerdo político entre Rusia y Ucrania abrió una nueva etapa marcada por mensajes cruzados, interpretaciones contradictorias y un borrador que nadie parece reconocer como definitivo. El llamado plan de paz impulsado por el presidente estadounidense Donald Trump generó este lunes una oleada de declaraciones divergentes en Moscú, Kiev y distintas capitales europeas.
Para el Kremlin, el documento válido es el original de 28 puntos presentado la semana pasada en Washington, considerado por analistas como un esquema más favorable a los intereses rusos. Ucrania, por su parte, sostiene que ese plan fue modificado durante las conversaciones celebradas en Ginebra entre delegaciones ucranianas y estadounidenses, excluyendo a Rusia, y que ahora consta de 19 puntos que reflejan mejor sus prioridades de seguridad y soberanía.
La falta de claridad se agudiza ante la existencia de una presunta propuesta alternativa de la Unión Europea, cuya relación exacta con el borrador discutido en Suiza continúa sin definirse. Ninguna de las partes ha detallado el contenido de este documento, pero funcionarios rusos lo describieron como “nada constructivo” y contrario a sus intereses.
Aun con este panorama, los gobiernos involucrados insisten en que las negociaciones avanzan. Desde Ginebra, el secretario de Estado Marco Rubio y el jefe de la Oficina de la Presidencia ucraniana, Andriy Yermak, afirmaron sentirse “muy satisfechos” con el progreso logrado. En Moscú, el presidente Vladimir Putin comunicó a su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, que el plan original sigue siendo una base aceptable para continuar el diálogo, aunque requiere ajustes sustanciales.

Kiev celebró que ciertos puntos sensibles se mantuvieran sobre la mesa, entre ellos la estructura de sus fuerzas armadas, el intercambio de prisioneros de guerra y el control de la planta nuclear de Zaporiyia. Fuentes ucranianas aseguran que la mayoría de sus observaciones fueron integradas durante la revisión del borrador, que ya no se asemeja al documento inicial difundido la semana pasada.
En contraste, el asesor de política exterior del Kremlin, Yuri Ushakov, afirmó que Moscú no ha recibido un texto formal para negociar y que cualquier documento deberá revisarse de manera profunda “entre todas las partes involucradas”. También confirmó que Rusia apenas tuvo conocimiento, por la prensa, de un supuesto plan europeo paralelo.
El futuro del proceso recae en gran medida en las decisiones que adopten los presidentes Trump y Volodymir Zelensky, quienes tendrían la última palabra en los temas más conflictivos: el estatus de los territorios ocupados y las garantías de seguridad internacional para Ucrania.
Mientras tanto, el escenario diplomático avanza envuelto en dudas y con un elemento compartido por todos los actores: la certeza de que aún queda mucho por negociar.