Hoy es inevitable tocar el tema del sistema de salud en México, y no debemos permitir que los gobiernos actuales, tanto el Federal como el Estatal, intenten, o insistan en demeritarlo, o en argumentar que no se debe “politizar” con ello. Porque sí, sí tenemos que poner la discusión del tema de salud en boca de todos los mexicanos.
Actualmente somos casi 135 millones de mexicanos según el Consejo Nacional de Población, de los cuales son derechohabientes al sistema IMSS más de 80 millones de mexicanos, y otros casi 14 millones tienen derechohabiencia al sistema de salud del ISSSTE. En pocas palabras y sin tantos números, la inmensa mayoría de los mexicanos dependen del sistema de salud público, que dicho está de más, pero hay que decirlo hasta que lo entendamos: está muy lejos de llegar a los estándares de países como Dinamarca.
Y sí, sabemos que el sistema de salud adolece de insumos básicos, que muchas de sus instalaciones a lo largo y ancho del país son deprimentes y están carentes de mantenimiento y equipamiento, no solamente de tecnología o equipo médico avanzado, si no de aspectos esenciales como mobiliario, camas, sillas para pacientes y público en general; qué decir de los insumos de limpieza para que las instalaciones se encuentren en condiciones de permanente salubridad y por supuesto del desabasto crítico de medicamentos, aunque Claudia Sheinbaum diga que no hay desabasto, o la falta de médicos y de personal, y un largo etcétera.
Pero aunado a lo anterior, está también otro aspecto de gran relevancia: el incumplimiento de las condiciones generales de trabajo para el personal que se encarga de cuidar lo más valioso que tenemos. Actualmente en San Luis Potosí y con la transición del modelo de salud estatal al federal, se han generado una serie de cuestiones por resolver como el reconocimiento de antigüedades laborales, así como regularizaciones de adeudos de pagos. Y es bien importante detenernos en esto. Nada de lo que el personal de salud hoy está exigiendo es una barbaridad, ni un exceso, es simple y llanamente su derecho; y además, están exigiendo tener las condiciones básicas necesarias para poder realizar su trabajo y con ello poder garantizar a la población que los pacientes puedan ser atendidos de una forma óptima.
No sé a ustedes, pero a mí me llena de una profunda indignación no solo seguir escuchando a las voces del oficialismo repetir y repetir que en el sistema de salud público todo está en orden, que hay suficiencia en el abasto de medicamentos, que no hay rezago en la calendarización de cirugías y estudios, que la gente exagera, que los medios mienten, que la oposición utiliza el tema para golpear al gobierno, en fin una absoluta locura ante lo que ya es más que evidente. Se ha documentado en redes sociales el ejemplo de cómo en el sistema del IMSS ante la falta de medicamentos, el mismo impide generar la receta médica, obligando entonces al médico tratante a sustituir el medicamento o en el peor de los casos a omitirlo. Es un insulto para la población, pero sobre todo es un crimen el que se esté poniendo a la salud en riesgo, que se tenga al personal en un dilema ético y profesional, y además negándoseles sus derechos laborales adquiridos.
Sirvan las marchas y los bloqueos viales que sin duda incomodan a muchos en sus actividades diarias y los sacan de su realidad, para poder visibilizar TODO lo que al sistema de salud le duele hoy, porque por lo visto la pésima atención médica que muchísima gente recibe en muchos puntos del país, o la que no está recibiendo, parece que no indigna lo suficiente.
No nos veo lo suficientemente indignados con TODO lo que estos gobiernos gastan en temas superfluos, antes que invertirle al sector salud. Incluso no sé si sabías pero desde que gobierna MORENA a nivel federal, y gracias a sus aliados en el Congreso de la Unión y en los Estados, del Partido Verde y el PT, los recursos en salud han ido disminuyendo. No les interesa atender este rubro, y seguirán culpando a Calderón y al pasado antes que reconocer que les quedó demasiado grande el poder llegar a resolver temas estructurales y sensibles como este.
Nos toca a la ciudadanía unirnos a la voz de protesta, porque nadie tenemos garantizada la salud, y porque no hay cuestión de mayor dignidad que la defensa de nuestros derechos.
“No hay torunda, no hay alcohol, pero sí hay corrupción”.