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Hacia una derecha cada vez más radical

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La reciente victoria de la ultraderecha en Chile no es casualidad, ni es producto una sencilla alternancia, si es que alguna alternancia lo es.

“Benito Mussolini fue un buen político” así lo dijo una joven Giorgia Meloni en 1996. La misma Giorgia Meloni que en junio de 2022 se pronunció sin vacilaciones en contra de la ideología de género del movimiento LGBT, de forma profundamente agresiva en contra de la migración y quien, desde entonces, es primera ministra de Italia.

“Todas esas políticas que culpan al ser humano del cambio climático son falsas, y lo único que buscan es recaudar fondos”, “La madre tiene derechos sobre su cuerpo, pero lo que tiene dentro del vientre no es su cuerpo”, así lo expreso un incipiente Javier Milei en 2023, hoy presidente de Argentina.

“Habrá solo dos géneros: hombre y mujer”, “Restableceremos mi política de ‘quédate en México’, pondré fin a la práctica de ‘captura y puesta en libertad’ y enviaré tropas a la frontera sur para repeler la desastrosa invasión de nuestro país”, profirió el recién electo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump a comienzos de este año.

¿Qué llevan a una europea, un hispanoamericano y a un norteamericano a dirigir sus países con un discurso tan cuestionable?

Un mensaje claro, conciso y contundente.

En entrevista del Café de la Mañana de Diario Reforma con Reinaldo Ortega, investigador del Centro de Estudios Internacionales del COLMEX, explicó que el discurso de Meloni arropó una problemática generalizada, no de minorías. Centró su atención en la energía, la migración y los precios. Tres componentes que afectan a la generalidad connacional, que no dependen de cuestiones personales, sino, propias de su país. Y luego, el fracaso, se lo atribuyó a los gobiernos que le precedieron.

En términos similares, con menos de dos años de diferencia, Mariana Llené investigadora de la Universidad Nacional de San Martín de Argentina, explicó en el mismo espacio que Milei no hizo algo diferente: inundó los espacios públicos denunciando una crisis económica fatal, la falta de trabajos estables y una deficiente prestación de los servicios públicos. El primer mandatario ignoró por completo a las minorías de su país, y, nuevamente, le echó la culpa a los que llamó zurdos, sus predecesores.

Finalmente, y para sorpresa de absolutamente nadie, Trump, prometió que Estados Unidos ya no sería explotado a costa del bolsillo de los norteamericanos, que se acabaría con la migración ilegal y en especial, a los narcoterroristas que, en sus palabras, envenenan al pueblo americano y; nuevamente, atribuyó sus causas a los demócratas, los migrantes, a China y, por obviedad, a México.

Entendemos entonces, que la clave es, por un lado, el señalamiento de una problemática -real- que no depende de minorías ni de sujetos en lo particular, sino aqueja en lo general y, por el otro, la configuración de un culpable al que se le depositan, sin ningún sustento teórico ni estadístico, todos las causas que generaron dicha problemática.

Pero, hay factor extra discursivo, el cual, funge, a mi parecer, como el ingrediente que le da sazón al éxito ultraderechista.

En palabras de Mariana Llené, hay huérfanos de la derecha que necesitan ser arropados.

La mal llamada agenda woke, permeó por razones equivocadas, las charlas de café, la academia, la política y, sobre todo, las redes sociales, lo que provocó, que la expresión de ideas con el más mínimo atisbo de conservadurismo, fueran censuradas.

El miedo al reproche exacerbado del progresismo poco a poco edificó un enemigo silencioso y profundamente peligroso; un ciudadano que comparte ideas de derecha radical y que, frustrado por no poderlas compartir abiertamente, espera, sólo espera a que alguien las pronuncie y legitime por aquél, a quien como ha quedado demostrado, le entregará su voto.

Ambos analistas coincidieron en que, las demarcaciones territoriales donde arrasaron, tienen grupos fascistas, radicales y, en el caso de los norteamericanos, hasta neonazis, lo que pudiera significar que, si el discurso de los mandatarios preocupa, el pensamiento de la sociedad espanta.

De los tres casos, el de Trump ciertamente dio al clavo. Al hacer la organización de ICE, mediatizada por su violencia y deportaciones ilegales, pasó del discurso a las acciones, donde ciudadanos americanos embelesados por un discurso nacionalista radical, ahora puede ejecutar las más grandes demostraciones de racismo y visceralidad que en el pasado, sólo existían en su cabeza y que, ahora, pueden libremente desarrollar, al amparo de una voz gubernamental que los legitima y empodera.

Hasta aquí, se aclara que el responsable de este enemigo no es el progresismo que tantas batallas libró para proteger los derechos humanos de las personas, sino el radicalismo ideológico que nació de aquél y que sólo está provocando un radicalismo equivalente, pero desde la extrema derecha.

Cuidado.

No sé si sea inevitable, pero está claro, que el mundo apunta hacia una derecha cada vez más radical.

FUENTES: Reforma, Milenio.

Kevin de la Rosa.

Abogado.