✍️ Michel Martínez
El arte abstracto y la investigación histórica se fusionan para dar espacio a una discusión pendiente sobre la colonización en el norte de México. El Museo Federico Silva, referente absoluto de la escultura contemporánea, abre sus salas para albergar desde ese viernes un proyecto que confronta las narrativas oficiales del siglo XVI. El creador potosino Emilio Borjas presenta un cuerpo de obra que desafía la visión eurocéntrica que imperó durante la fundación de la región, rescatando del olvido los mitos de los pueblos originarios.
La propuesta estética se adentra en el pensamiento de las comunidades nativas y cuestiona el sesgo de las crónicas coloniales, las cuales solían etiquetar de salvajes a los pobladores autóctonos. Borjas expone que el territorio estaba habitado por sociedades con una sofisticada organización social y una mística propia. Al utilizar las salas de un recinto especializado en volumen y tridimensionalidad, las obras adquieren una fuerza física que invita al espectador a reflexionar sobre cómo los conquistadores transformaron la diferencia cultural en un juicio de inferioridad intelectual.

El núcleo conceptual de la exhibición surge de un análisis documental que tomó treinta años de exploración en los archivos coloniales, centrándose específicamente en el proceso judicial de 1599 contra la mujer conocida como la bruja guachichil de Tlaxcalilla. Las actas de aquel juicio, orquestado originalmente para frenar un levantamiento chichimeca, resguardaron las profecías y la resistencia simbólica de la época. Entre esos testimonios sobrevive el relato de los venados sagrados que, según la cosmovisión local, desplazarían a los caballos de los invasores, un emblema de identidad regional que ahora es trasladado a la materia.
El proceso de creación de estas piezas abandonó las estructuras rígidas para seguir un flujo intuitivo, donde el barro y el fuego dictaron las texturas de la narrativa guachichila. Las formas brotaron en el taller como si respondieran a la guía del mismo venado mítico que inspiró las rebeliones del pasado. Con esta colección, el recinto escultórico se transforma en un foro de justicia histórica, devolviendo al presente los símbolos de un pueblo que se negó a servir borrado de la memoria colectiva del territorio potosino.