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La final que México sí jugó

Martín Zacarías

Llegamos a este Mundial con el pesimismo instalado como sentido común. Pocos confiaban en el proceso, menos en la Selección, y casi nadie en que los jóvenes tuvieran algo que decir frente a las potencias de siempre. Y sin embargo, ahí estaba México, invicto, sin goles recibidos, jugando de tú a tú contra Inglaterra en octavos de final. No era la final del torneo. Pero esa noche en el Azteca, México la jugó como si lo fuera. El 3-2 final duele —duele porque estuvimos cerca—, pero no se siente a fracaso. Se siente a cimiento. Cuandole das cancha a la juventud, hay con qué competir.

Hay una imagen de este Mundial que lo resume mejor que cualquier estadística. Mateo Chávez, veintiún años, hijo de “Tilón” Chávez —aquel que vistió los colores de Chivas y de la Selección sin nunca llegar a jugar un Mundial—, entró de titular contra Chequia sinhaber pisado el torneo. No traía colmillo. Traía nervios, como cualquiera en su primer partido mundialista. Y aun así apareció al minuto 55 para anotar el gol que hizo estallar al Azteca, mientras su padre, desde la tribuna, se quitaba la playera y gritaba como si él también estuviera debutando. Ese gol no lo explica la experiencia. Lo explica la oportunidad bien dada.

Por eso no es cierto que el equipo entero ya se sabía todas las mañas. Varios, como Mateo, se estaban probando por primera vez en el escenario más grande del futbol. Ahí está también Gilberto Mora, “Morita”, diecisiete años, jugando sin miedo como si llevara años en esto: de tú a tú con rivales que le doblaban la experiencia, metiendo el cuerpo con la misma garra que un veterano y sin sentirse menos ante nadie —la gran revelación de este Mundial, la prueba de que el talento joven no necesita esperar turno cuando se le da la confianza. Lo que sí hubo detrás de Mateo y de Morita fue algo distinto: liderazgos que no los dejaron solos. Javier Aguirre construyendo un vestidor donde el que debuta no se siente invasor, y la voz de “Don Memo” Ochoa —no ya desde el arco, sino desde el vestidor, cargando con el peso de haber jugado cinco Mundiales— sosteniendo a los que apenas empezaban a escribir el suyo. Los consagrados no le hicieron sombra a los nuevos: les sirvieron de escudo. La juventud sin ese respaldo se paraliza ante el escenario grande. Lo que ganó partidos —y lo que estuvo a dos errores de escribir historia distinta— fue esa combinación: la audacia de quien no tenía nada que perder, sostenida por quienes ya sabían cómo no perder la cabeza.

¿Y si sí? Esa pregunta unió a un país entero que confió y creyó en esta Selección, porque sí. Un país que llevaba años sin permitirse creer que los jóvenes pudieran plantarle cara a lo consagrado. Y por noventa minutos, sí.

El aprendizaje no debería quedarse en el pasto del Azteca. Este Mundial no conectó solo a la afición futbolera: conectó a un país entero, de norte a sur, con y sin camiseta puesta, alrededor de algo más grande que un marcador. De cara al 2027, cualquier institución o proyecto que aspire a ganar de esa misma manera —a conectar de verdad con la ciudadanía, no solo con sus militantes— necesita entender la misma pizarra táctica. La renovación generacional no es una cuota de marketing ni un gesto para quedar bien en la foto. Abrir la puerta a perfiles jóvenes —con ganas, con técnica, con territorio caminado—solo rinde fruto cuando va de la mano de quienes ya saben ganar, que conocen las reglas no escritas del juego y que sostienen el timón cuando la presión aprieta. Colgarse de la juventud sin ese respaldo es debutar solo, sin escudo, en la final más difícil.

El futuro se gana como se ganó cada partido de este Mundial: combinando la audacia de quien debuta con la sabiduría de quien ya sabe lo que pesa un partido así. Las organizaciones —los partidos, las instituciones, los proyectos políticos— que entiendan que el relevo generacional inteligente es una suma de capacidades, piernas nuevas más colmillo político, y no una resta de una cosa por la otra, serán las que estén listas para levantar la copa en 2027.

¿Y si sí?

 

✍️ Martín Zacarías Ramírez Ramos

Secretario Estatal de Acción Juvenil del PAN en San Luis Potosí