✍️ Kenia Hernández
Sin abusar de la metáfora, en San Luis Potosí el movimiento de las placas tectónicas se siente, pero no como el que registraron los sismógrafos, sino en las réplicas que preparan a la tierra verde para las elecciones de 2027.
Al igual que en el resto del mundo, los últimos días han sido de cambios polarizados: los buenos contra los malos, populismo disfrazado de crítica y campañas prematuras escondidas detrás de encuentros con el pueblo. La competencia actuó como un punto de quiebre entre quienes ansian saber de qué color será el trono gubernamental del próximo sexenio.
El propósito entre partidos es claro, apostar por el perfil más fuerte, sea este de oposición o un aliado del movimiento en turno. Pero como en la misma naturaleza, hay algunas fuerzas que son más intimidantes que otras.
Para el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) esa fuerza tiene el nombre de una mujer: Ruth González Silva.
Durante la primera celebración por los 20 años de la Gallardía en San Luis Potosí, la senadora cerró el mitin con un mensaje que, aunque fue menos arriesgado que el de su esposo, no dejó duda de nada; el próximo año encabezará las boletas para continuar con el legado de los Gallardo.
“Lo más importante es estar con ustedes y me vale lo que digan… nos vemos en el 2027”, esas fueron sus palabras con las que, con letras grandes, destapó su candidatura.
Lo anterior no fue sorpresa, sin embargo su estrategia revela algo arrollador, el PVEM parece dispuesto a sostener su apuesta política aún frente a las críticas por el nepotismo.
No es que sea tiempo de mujeres pero el ejecutivo conoce sus cartas y así también, otros las anticipan para abrirse camino como acomedidos.
Y aunque la faramalla no es pecado en esta competencia, tampoco pueden echarse la victoria en balde. Eso lo sabe muy bien el movimiento Gallardista que más de una vez ha retrocedido sobre sus propias palabras.
Desde la derogación de la Ley Gobernadora hasta un “córtalas” con el ayuntamiento de San Luis Potosí, los del logo del tucán no bajan la guardia frente a una tensión que irá calentando los ánimos de la justa. Su punto de debilidad máxima es que no pueden parar de alegar en debates perdidos.
La indecisión, verdugo de la oposición
El peor mal para la oposición está en su interior, la indecisión es una falla que te aísla y tumba. Aún así el Partido Acción Nacional (PAN) no parece muy convencido de aliarse con el agonizante Partido Revolución Institucional (PRI), a pesar de que con su constante coqueteo con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, parecían querer convertirlo en su próximo gobernador.
Aprovechando la oportunidad, Ceballos tampoco descartó ese escenario en el que los mil 115 afiliados del tricolor se unían a los 6 mil 208 del blanquiazul. Algo que reforzó con reiterados encuentros con la dirigencia nacional.
Sin embargo, lo anterior contrastó recientemente con una crítica lanzada hacia el verde; tanto el PAN como el alcalde estaban descontentos con el aniversario de la Gallardía y denunciaron acciones anticipadas de campaña.
Galindo consideró que aquella congregación eran “actos de desesperación” de sus rivales, aunque olvidó mencionar sus propias aspiraciones durante aquellas giras inesperadas por el Altiplano, en mayo de este año.
Morena entrega una pobre propuesta
Al finalizar junio, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) le finalizó su registro para la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, paso previo a la definición de su futuro representante en las urnas.
No obstante, las propuestas no fueron tan fuertes como la militancia las esperaba, con la exclusión de Gerardo Sánchez Zumaya y la ausencia de Rita Ozalia Rodríguez, la plantilla quedó cerrada con solo cuatro perfiles, entre ellos el del diputado Carlos Arreola Mallol.
Lo que al principio del año parecía convertirse en una plataforma independiente, al final, solo reafirmó que el equipo guinda mantiene una dependencia indeseada con el partido ambientalista.
Porque, en la fantasía, “ir solos” es una posibilidad pero sin candidatos fuertes, la competencia se complica. Esta relatoría comenzó mucho antes de que la reforma electoral existiera, sin embargo, todo empieza a acomodarse o más bien a negociarse.
Somos MX, los últimos en integrarse
La previsión de una contienda popular prepara a la ciudadanía con herramientas para votar, desde la confianza institucional, la resignación o la conveniencia pero en ese proceso, los candidatos son apenas un epicentro.
La magia ocurre cuando un equipo de trabajo tiene principios sólidos para hacerle frente a las crisis; en eso la mayoría falla, especialmente cuando una criatura de hambre singular pone en riesgo la credibilidad de cualquier bloque: el chapulín político.
Con la intención de garantizar su siguiente cabida en cualquier administración pública, un funcionario se convierte en insecto saltarín cuando pasa de una ideología a otra, de izquierda a derecha, para entrar en el organigrama.
En esa forma, los partidos políticos cometen un error al permitir que esto ocurra, incluso los más fuertes como el PVEM que, en el mismo sexenio, arropó en su tropa al alcalde de Ciudad Valles, David Medina y al polémico ex candidato a la gubernatura, José Luis Romero Calzada “Tekmol”.
Durante este fin de semana, el Partido Somos MX sorprendió con su registro en la entidad potosina a la ciudadanía, y con él, su desfile de caras conocidas.
El ex alcalde de la cabecera estatal, Xavier Nava Palacios -quien preside el movimiento- aseguró que actuará como opositor del régimen actual a pesar de que tan solo 10 años antes, en el 2015, estuvo cobijado por la misma Gallardía y el PRD que le concedió su primer cargo popular.
El apoyo asimismo, no fue bien recibido por igual en las redes sociales, pues como la tierra, los sufragistas tienen memoria y su trayectoria todavía es reconocida por su paso entre diferentes partidos como además lo fue el PAN y Morena.
Aún cuando nada está escrito en San Luis Potosí, el panorama político nos muestra pocas opciones, quiénes desean competir avanzan a paso firme, incluso a veces voraz, mientras que el resto de la balanza lucha con el deseo de solo querer figurar.