✍️Michel Martínez
Días después de haber sacudido el panorama deportivo nacional, la hazaña de la delegación potosina de karate en la Olimpiada Nacional Conade 2026 sigue resonando con fuerza. El eco de las ocho medallas de oro, tres de plata y cuatro de bronce que los consagraron como campeones absolutos aún se percibe en el ambiente, confirmando que lo vivido en el tatami no fue una coincidencia, sino la consolidación de un proyecto histórico.
Al frente de este exitoso equipo se encuentra la estrategia y guía del coach Aarón Enrique Ramírez Hernández. Sin embargo, para entender la verdadera magnitud de este logro que puso a San Luis Potosí por encima de las potencias del norte y del pacífico, conversamos con los verdaderos protagonistas: los chicos y chicas que transformaron el sudor diario en gloria nacional.

Para varios de los seleccionados, subirse a lo más alto del podio implicó un largo proceso de maduración y aprendizaje. André Rebolledo, campeón de la justa, recordó el largo camino recorrido tras ediciones previas donde el resultado se había negado. Explicó que la clave para cumplir la meta este año radicó en el esfuerzo constante, pero sobre todo, en ejecutar un entrenamiento inteligente y adaptado a las exigencias actuales.
Por su parte, la delegación potosina presume entre sus filas una consistencia fuera de serie con Valeria Juárez. Al consolidarse como tetracampeona de la disciplina, Valeria describió el triunfo como un sentimiento inexplicable que la llena de orgullo, destacando la satisfacción de ver el crecimiento colectivo de todo el equipo estatal.

El dominio potosino en esta edición destacó también por la capacidad de sus atletas para competir al máximo nivel en diferentes sistemas de combate. Orlando Reyna Cano personificó esta versatilidad marcial al colgarse la medalla de plata tanto en karate como en judo, una proeza que coronó meses de una intensa preparación simultánea.
La precisión técnica y la elegancia de las formas también tuvieron su recompensa. Ángel Galmiche, quien obtuvo la medalla de oro en la modalidad de kata, compartió el enorme orgullo de haber superado a delegaciones tradicionalmente dominantes como Nuevo León y Sinaloa, una motivación extra para mantener el ritmo de trabajo en los próximos compromisos.

La mística de este grupo de atletas quedó perfectamente resumida en las palabras de Miranda Cervantes, ganadora de una de las preseas doradas más emotivas del torneo. Miranda reflexionó sobre cómo el deporte define a las personas, señalando que la verdadera recompensa es constatar que el esfuerzo directo rinde frutos. Para ella, el equipo siempre se supo campeón porque el título se comenzó a ganar en la convivencia cotidiana y en las extenuantes jornadas de entrenamiento dentro del gimnasio.
Este grupo de deportistas demostró que la base de sus resultados radica en el entorno afectivo y la unidad que construyeron como delegación, un factor clave que convirtió a este equipo en una auténtica familia del deporte potosino.