Desde que se hizo pública la solicitud de detención provisional de Rubén Rocha Moya por parte del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, la opinión pública no dejó hablar del tema.
Y no era para menos, fue la primera vez en la historia de este ensangrentado país, que los norteamericanos solicitaban la detención de un gobernador en funciones, ¡y por qué cargos! Nada más y nada menos que permitir abiertamente la operación de tráfico de drogas de Los Chapitos como retribución por haberlo hecho gobernador de Sinaloa.
Nótese, que el tema de Rocha Moya ocupó la atención de la Presidenta de la República, en al menos de 10 mañaneras en las que, en su totalidad, agotó la narrativa de soberanía nacional y la no injerencia extranjera, ojo, no para defender a los mexicanos -dicho sea de paso- sino para defender a un narcopartido y a un delincuente disfrazado de político.
Así, nadie necesitaba la llegada del Mundial tanto como a Claudia Sheinbaum, quien precisaba -urgentemente- mover la atención de su partido hacia a los partidos.
De pronto, la tan anhelada justa mundialista llegó y, con ella, la más entrañable, divertida y esperanzadora participación de la selección nacional de la que tengo memoria, pero mientras el país celebraba, a este gobierno le metieron un golazo: el T-MEC.
El 01 de julio de 2026, el Canciller, Marcelo Ebrard, difundió un video mediante el cual, informó que los Estados Unidos de Norteamérica (EUA) habían decidido no renovar automáticamente por otros 16 años el acuerdo bilateral más importante que se ha celebrado en materia comercial en la historia con México.
En cambio, los EUA optaron por tener vigente el tratado hasta el 2036, pero, con revisiones anuales, a pesar de que el Gobierno de México dijo haber tratado 40 de las 54 preocupaciones principales de su socio comercial.
Las 14 restantes, que no han sido dadas a conocer públicamente, quedaron pendientes de revisión para el próximo 20 de julio, fecha en la que esperamos se den a conocer dichas inconformidades.
Sea cual sea el caso, entre todo lo dicho, la administración federal manifestó su interés por centrar la atención en dotar de certidumbre a la inversión en el país. No me diga.
Me pregunto yo, ¿Qué clase de certidumbre en el estado de derecho pudiera tener la inversión cuando se solicita la detención de un delincuente al amparo de un tratado internacional y, el país miembro decide no detenerlo? ¿Qué clase de certidumbre en materia comercial pudiera tener la inversión el gobierno federal cuando se preocupa más por saber las condiciones de sustracción del Mayo Zambada que amarrar el T-MEC? ¿Qué clase de certidumbre pudiera tener la inversión sobre la democracia mexicana si el gobierno federal legisla sobre la anulación de elecciones libres en el país bajo sospecha de injerencia extranjera? ¿Qué clase de certidumbre pudiera tener la inversión en la relación positiva entre las empresas y el gobierno si éste parece más amigo de organizaciones ilegales que las legítimas? ¿Qué certidumbre tendría la inversión extranjera sobre las condiciones adecuadas de sus trabajadores si, al salir de la jornada, probablemente no regresen, pero ni a sus casas?
Y no, no estoy confundiendo las cosas, la certidumbre económica, en un país inmerso en violencia como lo es el nuestro, está influenciada en gran medida por las decisiones contundentes que su gobierno toma para acabarla y, con ello, asegurar un auténtico estado de derecho y el verdadero ejercicio democrático, factores que permiten en gran medida un desarrollo económico adecuado.
Es cierto, las preocupaciones de los americanos no han sido hechas públicas, pero, no puede tomarnos por sorpresa que, tras lo ocurrido en el sexenio anterior y lo que se ha atestado en el presente, esta sea la decisión de un país aliado que ha demostrado su absoluta inconformidad con el trabajo de México en el combate al crimen organizado, un tema que, pareciera no ser prioridad para la presidencia, en comparación digamos, con la identidad del piloto a cabo de la aeronave quien transportó al Mayo Zambada, cuya relevancia para los mexicanos es, por no decirlo de otro modo, una nimiedad.
Por encima de todo esto, las circunstancias parecen indicar que, la revisión anual del T-MEC no tiene otro objeto más que, convertirse en una carta de poder frente al gobierno mexicano, pues supone una amenaza constante que le dice al país, con claridad, que se le cumple a EUA, y de no ser así, romperá la relación comercial; cuya culpa asumirá, para todos sus males, Claudia Sheinbaum.
✍️Kevin de la Rosa
Abogado
Fuentes: WRADIO, La Jornada, Aristegui Noticias, El Economista.