Cargando fecha...

Nadie más a quien culpar

k

A quién le pasaremos la factura de estas vidas tomadas por una fuerza cada vez más sangrienta, cada vez más impune y cada vez más atrevida sino a este gobierno que la volvió así de sangrienta, impune y desvergonzada.

Solía pensar que el sello de presentación de la Cuarta Transformación era la facilidad con la que se llenaron los bolsillos de una manera francamente obscena y, desafortunadamente, estaba equivocado.

Julio, 2025. Veracruz. Maestra en retiro, pero taxista en activo, Irma Hernández, yace hincada en el piso, desprovista de toda protección del Estado. Detrás de ella, se perfila un conjunto de hombres armados, pertenecen al crimen organizado y están a punto de asesinarla. Pronuncia lo que serán sus últimas palabras, “paguen su cuota o van a terminar como yo”. ¿Su crimen? Negarse valientemente a la extorsión.

Principios de octubre, 2025. Guanajuato. Un heladero local, conocido como Don Nico, recibe tres balazos mientras graba un video en vivo denunciando la pobre calidad de las avenidas de su comunidad, como de costumbre. El video, que no tardó en hacerse viral, alcanzó a registrar su denuncia, el ataque y, lo peor, las últimas palabras de un hombre valiente que, en el suelo y ante la inminencia de su muerte, se dispuso a despedirse de su esposa. ¿Su crimen? Por más insólito que parezca, fue denunciar los baches de sus calles.

Finales de octubre, 2025. Michoacán. Representante de los limoneros, Bernardo Bravo, denunció en repetidas ocasiones el cobro de piso a los agricultores, campesinos, jornaleros e intermediarios por parte del crimen organizado, un problema que simple y sencillamente nadie ha podido resolver. Su cuerpo, sin vida, fue hallado cerca del Estado de México, en los linderos de una tierra que defendió, que le vio nacer y también menguar a mano de la delincuencia. ¿Su crimen? No permitir a los coyotes y la denuncia del pago de cuotas.

Noviembre, 2025. Michoacán. Uruapan celebra la festividad más vieja de esta tierra que parece no tener dueño: El Día de Muertos. El alcalde independiente, Carlos Manzo, sostiene a su hijo en brazos mientras se toma la última foto que éste último tendrá con él. La plaza principal brilla desde lo bajo, se han adornado velas, flores y otras ornamentas. Momentos después, mientras el edil camina rodeado de cientos de gente, es asesinado a balazos. Hay un solo abatido en el lugar y siete detenidos con posterioridad, eran sus guardaespaldas. Las autoridades de seguridad señalan la probable implicación de un cartel, para sorpresa de nadie. ¿Su crimen? Llamar abiertamente a no negociar con el narcotráfico y, en su lugar, a combatirlo frontalmente.

Los cuatro casos, guardan una similitud, en su pasividad -cada vez más cercana y parecida a la colusión que a la simple negligencia- la presidenta, condenó los sucesos, sin poder ofrecer, al día de hoy, una solución real para sus denuncias.

Que quede claro, ni Irma Hernández, ni Don Nico, ni Bernardo Bravo ni Carlos Manzo, buscaban la atención mediática, o cientos de carpetas de investigación tras sus muertes, buscaban, en esencia, la mejoría de sus comunidades, la tranquilidad de sus vecindades, el bienestar, el mismo bienestar que este gobierno se ha empeñado tanto en presumir sin intención real de alcanzar.

Hasta antes del terremoto mediático nacional e internacional que significó Carlos Manzo, la presidenta se había limitado a condenar los crímenes -no de forma enérgica, dicho sea de paso- y a minimizarlos, a desvirtuar periodistas, a culpar a la oposición de sacar raja política, pero nunca, a señalar culpables entre la sociedad civil, reprimiéndolos.

Tras la marcha de la Generación Z, en una evidente reacción hostil, reprimió, no sólo físicamente sino también, desde el discurso, a los manifestantes, deslegitimándolos, como si se tratara de mercenarios sociales y no una población cansada de tantas Irmas, Don Nicos, Bernardos y Carlos Manzos, demostrando así que el verdadero sello de presentación de MORENA es la indolencia hacia las personas y a sus causas y, una vez más, sin resolver en modo alguno los problemas reales de seguridad de este país.

Y no, ciertamente la presidenta no es culpable de todo cuanto ocurre en México, pero sí es total y absolutamente culpable de lo que ocurre como producto de su indolencia y, sobre todo, de una soberbia que no quiere asumir ningún tipo de responsabilidad.

¿Cuándo se hayan agotado los partidos, los periodistas, los activistas y las organizaciones sociales, a quién más se culpará del problema? ¿Cuántos integrantes de la sociedad le faltan por señalar para que finalmente asuma lo que ciertamente no ha asumido desde el inicio? ¿No será que ya no queda nadie más a quien culpar?

Kevin de la Rosa.

Abogado.