Por: La Esfera
La reciente tragedia en la comunidad de Contreras, en el municipio de Mexquitic de Carmona, ha reabierto un debate necesario sobre la seguridad en el manejo de pirotecnia. Ante este panorama, el comandante del Cuerpo de Bomberos de San Luis Potosí, Adolfo Benavente Duque, ha sido tajante al analizar cómo se distribuyen las responsabilidades cuando el fuego y la pólvora se salen de control, dejando claro que la prevención no es una sugerencia, sino una obligación legal y civil.
El deslinde de responsabilidades comienza mucho antes de encender la primera mecha. El comandante subrayó que todo organizador tiene el deber ineludible de acudir ante la autoridad municipal para solicitar un permiso formal. Este paso es crítico, ya que permite que los expertos revisen las condiciones del terreno, evalúen la cantidad de pólvora permitida y dicten las indicaciones precisas para que el manejo de los materiales sea el adecuado. Sin este proceso administrativo, cualquier incidente cae directamente bajo la negligencia de quien organiza el evento.
El experto en el manejo del fuego también señaló que los párrocos y encargados de los templos también tienen una corresponsabilidad. Benavente Duque señaló que, aunque ellos no manipulen los explosivos directamente, su rol como anfitriones y figuras de autoridad los convierte en corresponsables.
El comandante cuestionó severamente el almacenamiento de pólvora dentro de los recintos religiosos, una práctica que multiplica el peligro y que representa una falla grave en la cadena de mando de la festividad. Según su perspectiva, el responsable del lugar debe vigilar activamente que se cumplan las disposiciones de la autoridad, pues el descuido de un tercero bajo su techo sigue siendo su competencia.
El análisis del jefe de bomberos no se limita a las celebraciones religiosas, sino que extiende este deslinde a cualquier evento social, desde bailes hasta fiestas particulares. El mensaje es transparente: quien decide incluir pirotecnia en su evento asume automáticamente la carga de garantizar la seguridad de los asistentes.
El comandante concluyó que la responsabilidad es una cadena que involucra a quien vende, a quien organiza y a quien permite el uso de estos materiales, advirtiendo que ignorar estos protocolos es, en última instancia, aceptar el riesgo de una tragedia.