✍️ Michel Martínez
La salud no debería depender del código postal, pero en San Luis Potosí, la geografía dicta quién vive y quién lucha en el abandono. Para la comunidad LGBTQ+ y las personas que viven con VIH en el estado, el acceso a antirretrovirales y atención médica especializada se ha convertido en una carrera de obstáculos que evidencia la centralización y el déficit en el sistema de salud pública.
Andrés Costilla, presidente de la asociación civil Amigos Potosinos en Lucha contra el Sida, alzó la voz para visibilizar la alarmante vulnerabilidad en la que se encuentran los pacientes debido a la falta de infraestructura. En un estado con cuatro regiones y una población estimada de 3 millones de habitantes, solo existen dos Centros Ambulatorios para la Prevención y Atención en Sida e Infecciones de Transmisión Sexual (Capasits).

Un viaje imposible por el derecho a la salud
La distribución de estos centros deja desprotegidas de manera absoluta a regiones enteras. Uno se localiza en la capital potosina y el otro en Ciudad Valles. ¿Qué pasa entonces con quienes habitan en la Zona Media o el Altiplano?
“Si te vas al Altiplano, tienes que venir hasta San Luis capital para acceder al tratamiento del VIH”, denunció Costilla
Para un paciente de la Zona Altiplano, tener una cita médica programada a las 8:30 de la mañana en la capital implica una logística casi imposible. Los tiempos de traslado y los costos de transporte no solo representan un golpe económico, sino una barrera física que interrumpe la adherencia al tratamiento, un factor vital para mantener el virus controlado.
Médicos rebasados y la urgencia de un turno vespertino
La problemática no termina con lograr llegar a la clínica; la saturación del personal es el siguiente muro. Las cifras compartidas por el activista reflejan un sistema al límite, donde el Capasits de San Luis Capital atiende un promedio de 2 mil personas usuarias con el soporte de apenas dos médicos, mientras que el Capasits de Ciudad Valles registra una afluencia de entre 400 y 500 pacientes bajo la responsabilidad de un solo médico.

Ante este panorama, la comunidad LGBTQ+ y las personas usuarias de estos servicios están pugnando por una solución inmediata que consiste en la apertura de al menos un turno vespertino.
Esta medida no solo aliviaría la carga saturada de las mañanas, sino que ofrecería una alternativa real para aquellas personas que trabajan de noche o que deben viajar durante horas desde sus municipios para alcanzar a ser atendidos.
La deuda histórica con la comunidad
Facilitar el acceso a la salud implica descentralizar los servicios y mirar hacia las zonas periféricas que históricamente han sido ignoradas. La petición de los colectivos es clara: se requiere la creación de nuevos Capasits en las regiones del estado que hoy carecen de ellos.
Garantizar el tratamiento del VIH de manera oportuna, digna y cercana no es una concesión, es una obligación del Estado. Mientras la infraestructura médica siga concentrada, la salud de las poblaciones más vulnerables de San Luis Potosí continuará estando en riesgo.