El gobierno de los Estados Unidos abrió este 27–28 de noviembre la expectativa de extender sus operaciones contra el narcotráfico vinculado a Venezuela desde el mar hacia tierra firme. Así lo anunció el presidente Donald Trump durante una llamada con fuerzas militares, donde afirmó que “muy pronto” las fuerzas estadounidenses iniciarán acciones terrestres para detener a supuestos narcotraficantes venezolanos.
Hasta ahora, la estrategia estadounidense se ha centrado en bombardeos y ataques navales. Desde septiembre, más de 20 embarcaciones fueron destruidas en el Caribe y el Pacífico, con un saldo —según Washington— de al menos 83 personas muertas, bajo la premisa de que transportaban drogas.
Trump aseguró que las rutas por mar ya no representaban el mismo flujo y que por eso la vía terrestre será la nueva fase de la ofensiva. Sin embargo, no ofreció detalles sobre cuándo, dónde o cómo se ejecutarán las operaciones, lo que genera incertidumbre sobre su alcance real.
Este anuncio se produce en un contexto de alta tensión diplomática entre Washington y Caracas. Estados Unidos recientemente calificó al supuesto grupo Cartel de los Soles como organización terrorista, una designación que Venezuela rechazó categóricamente, calificándola de “patraña” y alerta de que podría servir como pretexto para una intervención militar.
Por su parte, expertos en derecho internacional y seguridad advierten sobre los riesgos de una escalada bélica, tanto para la estabilidad regional como para la población civil venezolana. Señalan que la legalidad de operaciones militares en territorio de otro país —sin mandato internacional ni autorización explícita— es altamente cuestionable.
Además, la falta de transparencia sobre las evidencias que vinculen a las embarcaciones atacadas con redes criminales crea serios cuestionamientos sobre violaciones a derechos humanos y posibles ejecuciones extrajudiciales.
De concretarse operaciones terrestres, la región se hundiría aún más en un clima de incertidumbre. La comunidad internacional observa con preocupación cómo la guerra contra el narcotráfico estadounidense amenaza con transformarse en una intervención de naturaleza militar directa en un Estado soberano.
Mientras tanto, el llamado de Trump representa una nueva fase en la estrategia de presión: la disuasión por mar podría ser solo el preámbulo de una confrontación más amplia, cuyos efectos aún son impredecibles.