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El desgaste invisible de quienes cuidan

Cuidadores primarios enfrentan agotamiento físico y barreras sociales ante la falta de empatía colectiva.

✍️ Michel Martínez

El día a día de una persona dedicada a la asistencia de un familiar con discapacidad transcurre entre una intensa exigencia física y un peso emocional que pocas veces se reconoce de forma pública. En San Luis Potosí, esta labor recae mayoritariamente en los hogares sin que existan estructuras sólidas de apoyo, lo que termina por mermar la estabilidad de quienes postergan su propia vida para sostener la de alguien más.

Especialistas locales advierten que el descuido propio es el primer paso hacia trastornos de ansiedad y fatiga crónica. Para contrarrestar este impacto, el psicólogo Jesús Arath Mustre, integrante de la asociación civil Aves al Vuelo, señala la urgencia de brindar un acompañamiento que combine la atención psicológica y tanatológica. De acuerdo con el especialista, resulta indispensable que estas personas identifiquen lo que sienten, encuentren canales seguros de expresión y aprendan a establecer límites, entendiendo que el bienestar propio es la base para poder asistir a los demás.

A la par del desgaste interno, el entorno exterior se convierte en otro frente de batalla debido a la falta de sensibilidad en la comunidad. Familias vinculadas a la misma organización civil coinciden en que la sociedad potosina mantiene barreras que complican su desarrollo diario. Los testimonios de estos familiares exponen una realidad sumamente compleja, donde el simple hecho de manifestar que se tiene a un hijo o una hija con alguna discapacidad provoca que les cierren las puertas en distintos ámbitos, enfrentando rechazo generalizado y maltrato psicológico en su búsqueda de inclusión.

Esta falta de empatía colectiva obliga a las redes de apoyo a operar en el aislamiento, duplicando el esfuerzo necesario para salir adelante y limitando de forma drástica sus oportunidades en el terreno laboral. Por ello, profesionales de la salud hacen un llamado urgente a visibilizar y dignificar esta labor comunitaria, que en la gran mayoría de los casos se realiza de manera voluntaria y con recursos propios dentro del núcleo familiar.

Respecto a este panorama, Jesús Arath Mustre recalca que la ciudadanía debe asumir un rol activo de gratitud y alerta constante hacia estos protectores. El psicólogo concluye que, al tratarse de un trabajo que carece de remuneración económica pero que sostiene el tejido social, la comunidad tiene la obligación de ofrecer respeto y generar entornos seguros donde el cuidado mutuo sea la prioridad.